La lluvia, intensa, fría, caladora me mojaba mientras avanzaba lentamente en la tarde en un intento casi inútil de descubrir, de percibir aromas en los campos, caminaba descuidado, pensativo, de vez en cuando acariciaba con mis dedos la fragilidad de algún pétalo de una flor, yo calado hasta el último de mis huesos, jugaba a esconderme de mi mismo, en una tarde de sofá y de chocolate, y de repente al pararme en un pequeño rincón de un gran jardín, la descubrí oculta entre rosas, claveles, jazmines y dos o tres tulipanes, la encontré avergonzada, con esa timidez que te delata al encontrarte fuera de si, me pareció tan hermosa con sus enormes pétalos blancos adornados por gotas cristalinas de la lluvia que insistía en humedecerme y entonces fue cuando decidí quedarme para siempre allí.

Que hermosos versos que llegan hasta el alma, empepandola de sencillez y belleza.
ResponderEliminarbesos
A veces en la sencillez está el secreto de la belleza y pureza.
EliminarUn abrazo y gracias
Verdadera magia.
ResponderEliminarGracias.
Un Abrazo.
La magia de la sutileza....
EliminarUn abrazo, gracias a vosotros...